Alejados del plano memorialístico que construye próceres sentimentales, hay un arquetipo "del escritor" que me llama la atención más que los otros.
Está por ejemplo el escritor como poeta al estilo del que aparece en la película "Del lado oscuro del corazón". Este tipo de escritor utiliza el ciclo de Kondratiev (es un ciclo económico que sube y baja, como una S en horizontal) marcado por la línea del amor como inagotable fuente de inspiración para la escritura. Me parece que así como Cortázar hablaba del lector hembra, existe también el escritor hembra. Su relación con la literatura aparece para él como una línea de continuidad no conflictiva entre la emotividad y el oficio de sustantivarla lingüísticamente; así como sufre y goza escribe sus versos.
Forzando aquí el mundo de la metareferencialidad, construimos un paratexto a partir de Calasso (el paracalasso) en sus largas digresiones sobre la condición del amante/amado para poder decir que en el binomio activo/pasivo, el escritor es éste último. Dicho en términos menos académicos, es el escritor marica quien recibe por obra del despliegue del "espìritu del amor" la inspiración para hacer literatura (siendo más que obvio que no se usa la palabra marica en términos sexuales si no "de actitud"). ¿Y para nosotros qué, señor presidente?¿Qué hay de quienes no están incluidos en su plan de desarrollo?
Por ejemplo, de los escépticos en este campo del eros, o para los que lo sobrepractican pero aún así no se convierten en paladines de la escritura.
La segunda concepción del escritor que apareció en pelis re-vistas últimamente, es la del escritor viajero como el de "Naked Lunch" inspirada en el libro de Burroughs. La escritura como viaje (y qué viaje), compras tu boleto (en este caso consistente en larga lista de estupefacientes) y abordas el tren. A partir de esto, todo sucede a velocidad locomotora.
La tercera -que tiene que ver con la entrada anterior- es la de la escritura como proceso conflictivo y en permanente construcción y que sale en (ajá) Factotum. Como actividad existencial de una persona que practica y cultiva el oficio, se ejercita domando las palabras, hasta las últimas consecuencias y hacia el final. La literatura como política de lo posible.
Qué palabrotas que acabo de usar, sin afán de ofender a los potenciales lectores; pero así me gusta pensarla. O tú qué opinas madrina unimiembro de mi blog?